«No tomarás en vano el nombre del Señor tu Dios»

Un problema común

Las expresiones vanas que emplean mal el nombre de Dios son más difíciles de reconocer que la blasfemia porque son más comunes y más sutiles. De hecho, tan común es esta práctica que afecta aun a los que afirman ser seguidores de Cristo. Muchos están convencidos de que tales frases son totalmente inocuas.

La idea de tomar el nombre de Dios en vano viene de Éxodo 20:7. Dice: «No tomarás en vano el nombre del Señor tu Dios, porque el Señor no tendrá por inocente a quien tome su nombre en vano» (La Biblia de Las Américas).

El significado de la palabra «vano»

Acerca de la palabra «vano,» dice el diccionario: «Hueco. Se aplica al fruto de cáscara que no tiene almendra. Sin utilidad material o espiritual. Frívolo, ligero, insubstancial o superficial. Falto de cualidades morales serias» (Diccionario María Moliner). Viene de la palabra hebrea SHAV, la cual significa «vaciedad» o «falsedad» (Brown-Driver-Briggs Gesenius Hebrew Aramaic English Lexicon).

Si bien la prohibición de tomar el nombre del Señor en vano puede referirse principalmente a usarlo para cometer maldad o fingir lealtad a Dios, sin embargo, aún se refiere a un uso incorrecto de su nombre. Es posible usar el nombre de Dios de tal manera que lo dejemos vacío de verdadero significado. En lugar de esto, deberíamos pedirle que su nombre sea «santificado» (Mateo 6: 9), es decir, adorado, venerado, respetado y glorificado. Esto se logra sólo cuando hablamos de Dios y vivimos de tal manera que otros se dan cuenta de que él es digno de nuestra obediencia humilde.

Ejemplos

Oímos el uso frívolo del nombre de Dios por la gente numerosas veces cada día. Por ejemplo, puede que digan cosas como:
— «¡Ay! ¡Se me ha roto el pantalón! ¡D*** mío!»
— «La tienda está cerrada. Ay, P**** Santo.»
— «¡Que calor hace! ¡D*** mío!»
— «El televisor se ha roto ¡Vaya por D***!»
— «Carlos ha roto con Laura. ¡Ay, S****!»
— Hasta incluso algunos hermanos hispanoparlantes que viven en Estados Unidos imitan la frase que han escuchado tantas veces de los de habla inglesa: «Oh my God». (Ay, Dios mío.) Incluso muchos de habla inglesa dicen esta frase con una palabrota sucia intercalada y en las circunstancias más perversas.

Posibles excepciones

Por supuesto, hay veces en las cuales sería apropiado decir «Dios mío», especialmente en la oración. Además, si uno se entera de la muerte de un ser querido, podría exclamar con angustia al Padre: «¡Ay, Señor, ayúdame!» No obstante, esto no describe la forma en que algunos cristianos están usando estas frases.

Luces también en nuestra forma de hablar

Hermanos, seamos diferentes en la forma en que hablamos. Evitemos usar el nombre de Dios descuidadamente o a la ligera. También abstengámonos de usar su nombre para completar nuestras frases, como si fuéramos a decir cualquier otra palabra común y corriente.

«No tomarás en vano el nombre del Señor tu Dios, porque el Señor no tendrá por inocente a quien tome su nombre en vano» (Deuteronomio 5:11).

–Jerry Falk