¿Cuándo es hora de dejar de estudiar con alguien?

Nuestro estudio con Antonio

Hace unos años, un hermano querido de Sevilla, España y yo tuvimos una oportunidad de estudiar la palabra de Dios con un señor llamado Antonio. Tras varias semanas (o quizá meses), Enrique y yo decidimos ofrecerle un curso bíblico y le recordamos la dirección de la iglesia, por si nos quisiera visitar. Por último, nos despedimos y jamás le volvimos a ver.

¿Qué es lo que determina si deberíamos seguir compartiendo la palabra de Dios con alguien o no? En el caso de Antonio, dejamos de ir a su casa porque muchas veces en nuestros estudios seguía repitiendo las palabras «sí, pero…». Por ejemplo, Antonio tenía una fuerte fe en María, la madre de Jesús, como su mediadora. Cuando mencionamos versículos tales como 1 Timoteo 2:5, lo cual dice claramente que existe «un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre», Antonio contestó: «sí, pero…». Fue debido a esta actitud recurrente que Enrique y yo dejamos de estudiar con él.

¿Nos rendimos demasiado rápido?

A veces, cuando miro hacia atrás, me pregunto si deberíamos haber seguido estudiando con Antonio unas semanas o meses más. Sabíamos que no debimos dar «lo santo a los perros, ni ech[ar] [n]uestras perlas delante de los cerdos» (Mateo 7:6). No obstante, me pregunto si ese versículo describía a Antonio o si sólo nos estaba poniendo a prueba para ver si teníamos buenas respuestas para sus argumentos. Sabemos lo que dice el Señor en Mateo 7:6, pero es necesario usar nuestro juicio personal al aplicar este y otros versículos parecidos.

Algunos tardan meses y aun años en obedecer al evangelio. Conozco por lo menos a tres varones casados que obedecieron al evangelio después de más de veinte años de resistencia. ¿Qué habría pasado con ellos si sus esposas hubieran «tirado la toalla» tan rápidamente como nosotros lo hicimos con Antonio?

Cuando es hora de buscar a otros

Por otra parte, el tiempo que pasamos tratando de enseñar a alguien que es orgulloso y rebelde podría usarse más sabiamente por enseñar a otros que están verdaderamente interesados. Aun así, todavía nos quedamos con la duda de que si se habría convertido en cristiano si hubiéramos seguido estudiando.

Que Dios nos dé sabiduría y paciencia para que todos aquellos con quienes estamos estudiando tengan suficientes oportunidades para conocer a Dios y su voluntad.

–Jerry Falk