¿Por qué Dios no nos habla directamente?

Muchas personas hoy en día afirman creer en Dios mientras rechazan la Biblia como la expresión legítima de su voluntad. Ellos insisten en que «no tenemos que creer en la Biblia para creer en Dios». Sin embargo, si creemos que Dios es el Creador Omnipotente del universo, ¿sería demasiado difícil para él revelar sus pensamientos en forma escrita?

Podemos esperar esto de un Dios amoroso, misericordioso y justo que desea sinceramente comunicar sus pensamientos a la humanidad de una manera comprensible y confiable. Sin embargo, algunos preguntan: «Si Dios realmente nos ama, entonces ¿por qué no nos habla directamente, en lugar de decirnos qué hacer por medio de un libro?» Hay por lo menos siete problemas con esta pregunta, las cuales enumeraré a continuación.

(1) Supone que sabemos más que Dios. Algunos hablan como si quisieran tener la oportunidad de decirle a Dios en su cara que debería haber hecho las cosas de otra manera. Piensan que son más sabios que Dios. Si el apóstol Pablo estuviera aquí, podría decir: «Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá?» (1 Corintios 2:16)

(2) La comunicación directa de Dios no garantizaría la obediencia del hombre. Dios le dijo a Adán y Eva directamente que no comieran del árbol del conocimiento del bien y del mal (Génesis 2:16-17). A pesar de oír la voz de Dios con sus propios oídos, comieron del árbol de todos modos (Génesis 3:6).

(3) Si Dios siempre hablara directamente a la gente, uno podría decir que recibió un mensaje de Dios simplemente por decir: «Dios me habló». Por desgracia, muchos hoy en la llamada «cristiandad» sostienen que Dios continúa revelando su voluntad de esta manera, a pesar de la afirmación de la Biblia de que es una revelación suficiente (Juan 16:13; 2 Timoteo 3:16-17; 2 Pedro 1:3; Judas 1:3).

(4) Tendemos a olvidar lo que se nos habla, incluso cuando lo oímos directamente. Por contraste, la palabra escrita es más permanente y más accesible para las generaciones futuras (2 Pedro 1:13-15).

(5) La palabra escrita representa la naturaleza contractual de un compromiso entre dos partes. Con respecto a la Biblia, es la expresión de un acuerdo formal entre Dios y el hombre.

(6) Si Dios siempre nos hablara directamente, podríamos estar propensos a obedecer por miedo, en lugar de por amor. Si Dios se presentara de forma demasiado obvia, podríamos sentirnos presionados por su presencia (como cuando el jefe nos está encima) y terminar obedeciendo por compulsión en lugar de ser persuadidos a hacerlo porque realmente deseamos servirle.

(7) Dios quiere que «crezcamos» en conocimiento (2 Pedro 3:18). Este crecimiento se produce en aquellos que hacen un esfuerzo diligente para escudriñar las Escrituras (Jeremías 29:13; Juan 5:39; Hebreos 5:14; 2 Pedro 3:18). Quizás es por esto que las parábolas de Cristo y otros pasajes en las Escrituras requieren un poco de gimnasia mental para comprender su significado. Nuestros sentidos deben ser «ejercitados» para facilitar este crecimiento (Hebreos 5:14).

¡Gracias a Dios por su palabra escrita! La comunicación directa no es necesaria para que sepamos su voluntad.

–Jerry Falk