«Esa es sólo tu interpretación»

Quizás una de las respuestas más comunes que oímos cuando hablamos con otros sobre un tema de la Biblia es la frase «esa es sólo tu interpretación». Si bien es cierto que las personas interpretan la Biblia de manera diferente, ¿es esto lo que Dios pretendía originalmente?

Si escribiéramos una carta importante a un ser querido con información vital sobre su seguridad, sin duda desearíamos que entendiera lo que le queremos decir. La idea de que las interpretaciones contradictorias de nuestro mensaje son aceptables e igualmente válidas sería contraproducente … ¡y tal vez incluso mortal! Este principio no es difícil de comprender. Sin embargo, cuando se trata de la Biblia, muchos parecen pensar que cada uno es libre de interpretarla como le plazca y que Dios estará satisfecho mientras seamos sinceros.

¿Por qué la gente recurre a usar este eslogan? Hay varias razones, pero veremos sólo dos aquí.

No les gusta la verdad

Acerca de esto, un «apologista cristiano» con el nombre de Pablo Copan dice: «Hay muchas verdades que a mi mismo no me gustan o que me resultan difíciles de aceptar, pero no gustarlas no me da la libertad de rechazarlas. Yo [aún] tengo que aceptar que son ciertas».

Cualquier cosa que nos diga que censure nuestro comportamiento o creencias es dolorosa. En lugar de recibir la palabra «con mansedumbre» (Santiago 1:21), la tentación es responder con esta frase u otras que nos liberan de la responsabilidad de hacer los cambios necesarios en nuestras vidas.

A veces la verdad duele! La palabra de Dios es «más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón» (Hebreos 4:12). A veces, cuando nos miramos a nosotros mismos en el «espejo» inspirado de la «ley perfecta» de Dios (Santiago 1:22-25), ¡no nos gusta lo que vemos! Preferiríamos no saber la verdad sobre nosotros mismos y nuestra condición ante Dios (Juan 3:19-20).

Jesús experimentó una reacción similar al hablar con una multitud mixta de judíos que habían creído en él (Juan 8:30-31) y otros que no (Juan 8:13). En Juan 8:45, le dice a estos últimos: «Porque digo la verdad, no me creéis». En el siguiente versículo, el Señor pregunta: «Si digo la verdad, ¿por qué vosotros no me creéis?» (Juan 8:46) Inmediatamente después de esto, Jesús les revela la causa de su problema: «El que es de Dios, las palabras de Dios oye; por esto no las oís vosotros, porque no sois de Dios» (Juan 8:47). ¡Lenguaje fuerte!

Ellos ven la Biblia a través de otras lentes

Algunos se apresuran a descartar las enseñanzas bíblicas que dicen que son «sólo tu interpretación» porque las ven a través de las lentes de las doctrinas de las iglesias, los credos, la tradición familiar, las opiniones personales y los sentimientos. Como resultado, no son capaces de aceptar la verdad tal cual es.

Jesús también tuvo intercambios con una multitud parecida. En una ocasión, les dijo que habían invalidado la palabra de la Palabra de Dios por el bien de sus tradiciones religiosas (Mateo 15:6). Por consiguiente, su corazón estaba lejos de Dios y le adoraban en vano (Mateo 15:8-9).

Aunque algunos tenían «celo de Dios», ignoraban su voluntad y deseaban establecer su propio sistema de justicia basado en tradiciones, filosofía y opiniones hechas por el hombre (Romanos 10:2-3; Colosenses 2:8). En vez de ayudarles a conocer la verdad, estaban más lejos de ella que cuando habían comenzado.

Conclusión

Algunos incluso usarán este lema en respuesta a las verdades más obvias de la palabra de Dios. Por ejemplo, en Hechos 2:38, el apóstol Pedro le dice a la multitud reunida en Jerusalén en el día de Pentecostés, «Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados…»

A pesar de que este versículo enseña claramente que hay dos cosas que debemos hacer «para perdón de los pecados», a saber (1) «arrepentirse» y (2) «ser bautizado», muchos insistirán en que esto es «sólo una cuestión de interpretación» y que el bautismo para este propósito en realidad no es necesario en absoluto. Puede que no se den cuenta de que acaban de declarar su propia «interpretación»… ¡y ella invalida la palabra de Dios (Marcos 16:16; Hechos 22:16; 1 Pedro 3:21)!

Independientemente de lo que podamos creer sobre el bautismo u otros asuntos que se enseñan en las Escrituras, que Dios nos conceda la sabiduría para saber cuándo una interpretación cuenta con el pleno apoyo de su palabra y cuando no tiene más peso que un eslogan vacío hecho por el hombre.

–Jerry Falk