¿Qué clase de converso es usted?

En 1 Corintios 3:9, el apóstol Pablo dice a los cristianos de Corinto, Grecia que ellos eran “edificio de Dios”. Pablo puso el “fundamento” (1 Corintios 3:10) cuando predicó el evangelio por primera vez en Corinto y muchos fueron convertidos (Hechos 18:1-8). Después de esto, el apóstol les dice que el único fundamento aceptable para la iglesia es Jesucristo (1 Corintios 3:11).

En sentido simbólico, los corintios mismos eran los “materiales” usados para construir encima del fundamento. Otros predicadores añadían más “materiales” cuando personas nuevas obedecían al evangelio. Estos conversos también llegaban a ser parte del “edificio de Dios”.

Un poco más adelante, Pablo les dice lo siguiente: “Y si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca, la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará. Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa. Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego” (1 Corintios 3:12-15).

Pablo revela que las vidas de estos “materiales de construcción” pasarían por pruebas (o sea, por “el fuego”). Las pruebas de fe son una parte intrínseca de las vidas de todos los cristianos (Marcos 9:49; 1 Pedro 1:7; 4:12). A veces los seguidores de Cristo tienen que sufrir la oposición de familiares y otras personas que no están de acuerdo con su decisión de obedecer al evangelio. Otras veces, es necesario que los conversos nuevos experimenten problemas difíciles en la iglesia local. En otras ocasiones, los cristianos enfrentan el desafío de continuar siendo fieles mientras padecen una enfermedad crónica. ¡Las pruebas no se pueden evitar!

Algunos conversos nuevos, al pasar por estas pruebas, son como oro, plata y piedras preciosas. Las pruebas espirituales sirven para purificarles porque han tomado una decisión firme de ser fieles a Jesús (1 Corintios 15:58). Son hombres y mujeres de verdadera convicción. Son estables y comprometidos. Pese a las dificultades que enfrentan en sus vidas, su fe se basa no en los hombres (1 Corintios 3:4) sino en Cristo (1 Corintios 3:23). En última instancia, las pruebas les ayudan a hacerse más fuertes. Siguen reuniéndose fielmente con la iglesia local (Hebreos 10:24-25) y siguen perseverando en la palabra de Cristo (Juan 8:31).

Por contraste, otros conversos nuevos, al pasar por las pruebas, son como madera, heno y hojarasca. Estos individuos tienen por lo menos dos defectos de carácter que contribuyen a su inestabilidad: (1) ponen demasiada confianza en los hombres (o en el grupo) en vez de en Cristo (1 Corintios 3:4) y (2) rehúsan dejar sus hábitos mundanos (1 Corintios 6:9-10). Cuando pasan por las pruebas, estos conversos inconstantes se vuelven débiles y renuncian su compromiso de seguir a Cristo. Dejan de reunirse con la iglesia local y vuelven al mundo. En vez de ser refinados por las pruebas, su relación con Dios es destruida porque las pruebas no van acompañadas de una fe verdadera (1 Juan 5:4).

Por último, Pablo indica que cuando permanece la obra de algún predicador, recibirá recompensa. El apóstol Juan dijo: “No tengo yo mayor gozo que éste, el oír que mis hijos andan en la verdad” (3 Juan 4). Cuando los conversos no perseveran en el evangelio y se apartan a causa de las pruebas, el que les ha predicado “sufrirá pérdida”, pero “él mismo será salvo, aunque así como por fuego” (1 Corintios 3:15) si sigue perseverando en el evangelio (1 Corintios 15:1-2). De acuerdo con esto, Pablo mismo habla de la posibilidad de sufrir “pérdida” si los que habían sido convertidos por sus esfuerzos no hubieran perseverado en el evangelio (Gálatas 4:11; Filipenses 2:16; 1 Tesalonicenses 3:5).

¿Qué de nosotros? ¿Somos como el oro, la plata y las piedras preciosas o como la madera, el heno y la hojarasca? Tarde o temprano, las pruebas de la vida revelarán «de qué estamos hechos».