«¿Qué, pues, haré de Jesús, llamado el Cristo?» (Mateo 27:22)

Esta pregunta fue planteada por Poncio Pilato, el quinto gobernador de la provincia romana de Judea, sirviendo bajo el emperador Tiberio del 26/27 al 36/37 d.C. Cada uno de nosotros también debe contestar la pregunta de Pilato.

Aunque no podemos crucificar a Jesús en sentido literal, como Pilato, podemos hacerlo de manera figurada. Este fue el caso de los cristianos hebreos quienes, para evitar la persecución, regresaban al judaísmo. Al volver atrás, estaban «crucificando otra vez al Hijo de Dios y exponiéndolo a la burla de todos» (Hebreos 6:6, DHH). En otras palabras, al volver a la ley de Moisés, decían que el sacrificio de Cristo no era suficiente para salvarles, identificándose así con aquellos que crucificaron a Jesús. Al regresar al judaísmo, le exponían a más insultos. Además, al dejar de congregarse, pisoteaban el sacrificio de Jesús (Hebreos 10:23-29).

Del mismo modo, cuando los cristianos dejan de reunirse con la iglesia local y regresan al mundo, es como si les estuvieran diciendo a todos que el sacrificio de Cristo no es bueno, exponiéndole así a más insultos.

Los judíos respondieron: «¡Sea crucificado!» (Mateo 27:22-26)

Jesús no había cometido pecado (Mateo 27:19,23; Juan 19:4; Hebreos 4:15; 1 Pedro 1:18-19; 2:22). A pesar de esto, los judíos le odiaban por envidia y porque condenaba su iniquidad. Por eso querían que los romanos le dieran muerte.

Judas podría haber dicho: «Venderle» (Mateo 26:20-25)

A decir verdad, Judas no vendió a Cristo. Se vendió a sí mismo. ¿Cuántas personas, incluso hermanos en Cristo, venden sus almas al enemigo por amor al dinero (cf. 1 Timoteo 6:9-10)?

Pedro podría haber dicho: «Negarle tres veces» (Lucas 22:54-62)

Pedro había dicho: «Aunque todos se aparten por causa de ti, yo nunca me apartaré» (Mateo 26:33, LBLA). Necesitaba escuchar el consejo de Pablo: «Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga» (1 Corintios 10:12).

Peter le negó porque le siguió «de lejos» (Lucas 22:54). Es necesario caminar cerca de Cristo, en el estudio de la Biblia, en la oración, en asistir a los servicios, en trabajar en su viña, para no negarle.

Para evitar caer, es necesario crecer (2 Pedro 1:5-10; 3:18).

Todos sus discípulos podrían haber dicho: «Abandonarle»

Mateo 26:56 dice que «todos los discípulos, dejándole, huyeron».

En Mateo 10:28, Jesús les había dicho: «No temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar…» Parece que se olvidaron de esto en el Huerto de Getsemaní.

Después de decirle a la multitud que tenían que seguirle no por la comida sino por sus enseñanzas, «muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con él» (Juan 6:66-68). Jesús nos pregunta, como les preguntó a sus apóstoles, «¿Queréis acaso iros también vosotros?» Todos debemos decir con confianza a Pedro: «Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna».

Algunos judíos en el día de Pentecostés habrían dicho: «Obedecerle»

En Hechos 2:37 preguntaron: «¿Qué haremos?» Pedro respondió: «Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados…» (Hechos 2:38). Ese día, casi tres mil almas hicieron exactamente esto.

¿Qué de usted?

–Jerry Falk (basado en un esquema de Wayne Partain)