Debemos morir para vivir (Parte 2)

Antes de recibir el perdón de Dios, se nos consideraba muertos en nuestros delitos y pecados (Efesios 2:1). Esa muerte vino a consecuencia del pecado (Romanos 6:23). Sin embargo, debemos experimentar otro tipo de muerte. Esta muerte es morir al yo y al pecado para que Dios nos dé vida espiritualmente. En otras palabras, debemos morir para vivir.

Perder la vida para salvarla

Esta es otra forma de hablar sobre la abnegación. Jesús les dijo a sus discípulos: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, éste la salvará. Pues ¿qué aprovecha al hombre, si gana todo el mundo, y se destruye o se pierde a sí mismo?» (Lucas 9:23-25)

La abnegación es una forma de dar muerte al yo para vivir para Dios. Si tratamos de salvar nuestras vidas por rechazar la abnegación, sufriremos una muerte que nadie quiere al final. Si nos negamos a nosotros mismos, perdiendo nuestras vidas por su causa, entonces seremos salvos. Es paradójico, pero si podemos ver los tipos de muerte involucrados, podemos ver que el punto es simplemente esto: no podemos ponernos por encima de Dios ni de los demás y esperar recibir las bendiciones que Dios nos ofrece. Si queremos vivir, debemos morir. Si queremos ser salvos, debemos perder nuestras vidas por su causa.

El mejor ejemplo

Esto es lo que Jesús hizo por nosotros. Es el máximo ejemplo de alguien que se despojó (se negó) a sí mismo y murió (Filipenses 2:6-8). Sin embargo, él vive. La resurrección es lo que hace que la vida eterna sea posible ahora, como Jesús dijo: «Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?» (Juan 11:25-26)

Nueva vida en Cristo y la resurrección

Por la gracia de Dios, podemos morir para que vivamos. Esto va más allá de nuestra muerte espiritual y nuestra nueva vida aquí. Esto apunta a una vida suprema que viene de Cristo, el cual conquistó la muerte a través de su resurrección. Morimos para vivir ahora. Entonces, debido a que la muerte ha sido conquistada, nuestra muerte física no es algo que temer porque nosotros también participaremos en la resurrección de la vida (Hebreos 2:14-15).

No queremos morir; queremos vivir. Sin embargo, tal como la muerte física es necesaria para la resurrección, también es necesario morir al yo y al pecado para la nueva vida en Cristo. Por la gracia de Dios podemos experimentar ambos.

Para mejorarnos y vivir, debemos morir. ¿Lo ha hecho usted?

–Doy Moyer (de https://searchingdaily.com/)