El Dios que rescata a los prisioneros

Un escritor español llega a ser esclavo

La historia nos dice que Miguel de Cervantes, considerado uno de los mejores novelistas españoles de todos los tiempos, fue esclavo durante cinco años. Es conocido principalmente por su trabajo «El ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha» (o simplemente, Don Quijote).

El 6 ó 7 de septiembre de 1575, Cervantes zarpó en un barco desde Nápoles, Italia a Barcelona, ​​España. En la mañana del 26 de septiembre, cuando su barco se acercaba a la costa de Cataluña, fue asediado por piratas otomanos. Cervantes fue llevado a Argel, África, donde estuvo cautivo como esclavo durante cinco años. Después de varios intentos fallidos de fuga, los familiares de Cervantes y los trinitarios, una orden religiosa católica, vendieron propiedades y joyas para pagar su rescate y salvar al escritor. Concluida esta transacción, fue devuelto a su familia en Madrid.

La redención en la Biblia

La palabra «rescate» se refiere a una suma de dinero u otro pago exigido o pagado por la liberación de un preso. Este concepto se encuentra tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, así como en la idea similar de «redención».

Los israelitas sabían lo que significaba ser «redimidos». Habían pasado muchos más años que Cervantes en cautiverio egipcio, después de lo cual Dios los rescató con poderosas señales y maravillas (Éxodo 7:14-11:10; 12:29-30). En Éxodo 6:6, le dice a Moisés que les diga a los hebreos: «Yo soy JEHOVÁ; y yo os sacaré de debajo de las tareas pesadas de Egipto, y os libraré de su servidumbre, y os redimiré con brazo extendido, y con juicios grandes». (Véase también Deuteronomio 7:8; 13:5.)

La difícil situación pasada por alto de muchos en la actualidad

Hoy en día, muchos son esclavos sin darse cuenta de ello. Todos aquellos que no han sido rescatados por Jesucristo son esclavos del pecado. Durante su ministerio terrenal, Jesús les dijo a los líderes religiosos: «De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado … Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres» (Juan 8:34-36). El apóstol Pablo escribió a Tito acerca de cómo él y otros cristianos «en otro tiempo» eran «esclavos de deleites y placeres diversos» (Tito 3:3). Aunque vivimos en un mundo de mayores avances médicos y científicos, el problema de la esclavitud al pecado continúa afectando a toda la humanidad (Romanos 3:23).

Sólo Jesús nos puede librar de la esclavitud del pecado

Jesús vino a esta tierra «no … para ser servido, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos» (Mateo 20:28; 1 ​​Timoteo 2:5-6). No es con plata ni oro, como en el caso de Miguel de Cervantes, que somos rescatados de nuestro captor (1 Timoteo 2:26), sino «con la sangre preciosa de Cristo» (1 Pedro 1:18-19).

Cuando uno obedece el evangelio puro de Cristo, es liberado de la esclavitud del pecado y se convierte en un siervo de la justicia (Romanos 6:16-18). Esta maravillosa transformación se produce cuando somos «bautizados en Cristo Jesús» (Romanos 6:3) o, en otras palabras, «plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte … para que el cuerpo del pecado sea destruido»(Romanos 6:5-6).

El apóstol Pedro dijo lo mismo, pero con otras palabras, cuando dijo que el propósito bíblico del bautismo en agua es «para perdón de los pecados» (Hechos 2:38). Ojo: aquí no se dice nada acerca de que el bautismo sea «para un testimonio público» de que uno ya está salvo. El «cuerpo del pecado» es «destruido» cuando uno se sumerge en agua para el perdón de los pecados.

Sólo cuando hemos «obedecido de corazón a aquella forma de doctrina» (es decir, el bautismo, Romanos 6:17,1-7) somos «libertados del pecado» y nos convertimos en «siervos de la justicia» (Romanos 6:18).

¿Ha sido rescatado USTED de la esclavitud de sus pecados por el Único que puede hacer que sea verdaderamente libre? (Juan 8:36)

–Jerry Falk