Cuando la paciencia de Dios «espera»

1 Pedro 3:20 dice que «la paciencia de Dios esperaba en los días de Noé, durante la construcción del arca, en la cual unos pocos, es decir, ocho personas, fueron salvadas a través del agua» (LBLA).

¿Cuánto tiempo se necesitó para construirlo?

Aunque existen diferentes interpretaciones en cuanto al tiempo empleado para la construcción del arca, se cree que Noé tardó por lo menos cien años para llevar a cabo esta gran obra. Cuando Noé se menciona por primera vez en Génesis 5:32, vemos que tenía quinientos años. Cuando entró en el arca y el diluvio vino sobre la tierra, Génesis 7:6 nos dice que tenía seiscientos años. También se cree que la referencia a «120 años», en Génesis 6:3, habla del tiempo durante el cual Noé construyó el arca.

Jesús habló por medio de Noé

En los días de Noé, Cristo, como ser espiritual, fue y predicó a gente desobediente por medio de este «predicador de justicia» (1 Pedro 3:18-19; 2 Pedro 2:5, LBLA). Puede que este hecho nos parezca un poco raro, pero haríamos bien en recordar que el espíritu de Cristo estaba en todos los profetas fieles del Antiguo Testamento, tal como indica 1 Pedro 1:11. De la misma manera, Cristo predicó a los gentiles, aunque no lo hizo en persona, sino a través de los apóstoles (Efesios 2:17; Marcos 16:20; Hebreos 2:4). Por lo tanto, cuando Noé predicaba a aquellas personas rebeldes, cuya imaginación «era solamente mala todos los días» (Génesis 6:5, VM), la paciencia de Dios «esperaba».

Sin duda, no fue cosa fácil para Noé y su familia obedecer a Dios en medio de tanta incredulidad. ¿Cuántos insultos habría oído Noé durante ese tiempo? ¿Cuántas veces se burlaron de aquel «predicador de justicia» mientras él les animaba a arrepentirse y prepararse para el diluvio venidero?

Dios sigue «esperando»

Lo que sí sabemos es que la paciencia de Dios «esperaba» a través de Noé. ¿Cuál fue el resultado de todos esos sermones? Pedro nos dice que «unos pocos, es decir, ocho personas, fueron salvadas por medio del agua» (1 Pedro 3:20). Puede que haya sólo «unos pocos» en nuestra cuidad o país que obedecerán al evangelio; no obstante, podemos estar seguros de que la paciencia de Dios continúa «esperando» mientras nos esforzamos por compartir su palabra con los demás.

–Jerry Falk