Vasos útiles (pt. 2)

La necesidad de la humildad

Cuando hablamos de nuestra utilidad en el reino de Dios necesitamos ser humildes y no tener más alto concepto de nosotros mismos que el que debemos tener (Romanos 12:3). Aun cuando obedecemos a Dios lo mejor que podamos, sólo estamos haciendo lo que deberíamos hacer (Lucas 17:7-10).

No podemos jactarnos como si Dios no pudiera hacer su obra sin nosotros. En sentido absoluto (es decir, sin limitaciones) debemos confesar que somos inútiles porque todos hemos pecado y sin Cristo estamos destituidos de la gloria de Dios (Romanos 3:23).

Sin embargo, en sentido relativo (es decir, con limitaciones) podemos ser útiles como siervos de Dios. En la primera parte (https://www.devocionalparahoy.com/vasos-utiles/), vimos que hemos sido creados para la gloria de Dios (Isaías 43:7) y que esto ocurre cuando eliminamos toda costumbre pecaminosa de nuestras vidas (2 Timoteo 2:19) y permitimos que la palabra de Dios actúe a través de nosotros. ¡Dios quiere que seamos útiles en su servicio!

Un pueblo puesto aparte para un propósito útil

Por esta misma razón, el Padre nos «santifica». La santificación es una obra que Dios realiza en sus siervos por medio de su palabra En Juan 17:17, Jesús oró por sus apóstoles con la petición: «Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad». La idea fundamental parece ser la de apartar un objeto de uso ordinario para un fin o uso especial. La santificación es una separación del mundo para un uso santo en el servicio a Dios (1 Tesalonicenses 4:3).

El cristiano verdadero no es un mero vaso ornamental que retiene polvo en una vitrina sino un receptáculo de la palabra que cumple con el propósito por el cual fue creado. Los que obedecen el evangelio de Jesucristo por creer y ser bautizados para el perdón de los pecados (Marcos 16:16; Hechos 2:38) han sido «creados en Cristo Jesús para buenas obras» (Efesios 2:10).

Al ser apartados por Dios para un uso santo, llegamos a ser «un pueblo para posesión suya, celoso de buenas obras» (Tito 2:14, NBLH). El pueblo de Dios es diferente de cualquier otro pueblo porque ha sido purificado por la muerte redentora de Cristo y porque tiene una conducta diferente de los demás en el mundo.

¿Permite usted que Dios le use como un «vaso» en su servicio?

–Jerry Falk