¿Deben los cristianos «celebrarla»? (Parte 1)

(Sé que lo que digo a continuación será ofensivo para algunos, y hasta podría poner en peligro nuestra amistad. Pero quiero asegurarle de que esto no fue escrito para ofender, sino para enseñar, advertir y salvar. –Kieran)

Ninguna sociedad reserva un día para celebrar el incesto entre adultos que consienten. Ninguna comunidad aparta una semana para celebrar la infidelidad conyugal. Pero nuestra nación sí reserva un mes entero para celebrar la homosexualidad, y los cristianos que se niegan a celebrarla, bueno, «son odiosos, ignoran lo que la Biblia realmente enseña sobre la homosexualidad y están del lado equivocado de la historia».

Sin duda, algunas personas religiosas odian a los homosexuales y nada les gustaría más que incitar a otros a que también los odien. Esto es ofensivo para cualquiera que tome en serio el señorío de Jesucristo. Porque él enseña que es imposible caminar en la luz mientras se odia al hermano o hermana. A través del apóstol Juan dice que «el que aborrece a su hermano está en tinieblas, y anda en tinieblas, y no sabe a dónde va, porque las tinieblas le han cegado los ojos» (1 Juan 2:9-11).

Pero ya puedo oír algunos gritos: «Los homosexuales no son mis hermanos ni hermanas en Cristo». Tal vez no. Pero, ¿deberían los cristianos amar sólo a sus hermanos? ¿Acaso Jesús, en su Sermón del Monte, no advierte a sus discípulos diciéndoles que no son mejores que los demás si sólo aman a quienes les aman? ¿No les enseña que para ser como su Padre celestial, deben amar a sus enemigos (Mateo 5:44-48)? Los «cristianos» que hacen lo contrario, se hacen pasar por cristianos.

Pero los homosexuales y sus aliados han convencido a muchos de que es un acto de odio incluso hablar en contra de la homosexualidad. Pero están equivocados, no entendiendo las Escrituras. Porque Dios, quien «es amor» (1 Juan 4:8), ha dejado muy claro que la homosexualidad es un estilo de vida pecaminoso y pervertido.

La primera vez que la Biblia hace referencia a la homosexualidad es en relación con las ciudades de la llanura, especialmente Sodoma y Gomorra (Génesis 19:5). Por lo que sabemos, esta es la primera vez que una sociedad acepta la homosexualidad como un estilo de vida inobjetable. Sin embargo, fue muy objetable para Dios (Génesis 18:20). Su disgusto se revela en última instancia cuando «hizo llover sobre Sodoma y sobre Gomorra azufre y fuego … y destruyó las ciudades, y toda aquella llanura, con todos los moradores de aquellas ciudades, y el fruto de la tierra» (Génesis 19:24-25; comparar Judas 7).

–Kieran Murphy