La promesa de Dios cumplida … «¡de una vez para siempre!»

En el libro de Hechos, escrito por Lucas, Jesús comienza a cumplir su promesa a los apóstoles de que el Espíritu Santo los guiaría a «toda la verdad» (Juan 16:13; comparar Juan 14:16,26). Después de Su resurrección, y poco antes de ascender al cielo, él les dijo: «…recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra» (Hechos 1:8).

En Hechos 2:4 leemos que «todos fueron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas [es decir, idiomas], según el Espíritu les daba habilidad para expresarse» (NASB). Este proceso se conoce comúnmente como «inspiración». El Espíritu «les daba habilidad para expresarse». En otras palabras, los hombres que fueron inspirados fueron «impulsados por el Espíritu Santo» para hablar (y escribir) la palabra de Dios (2 Pedro 1:21, NVI).

El hecho de que Dios cumplió su promesa se ve en la afirmación del apóstol Pablo a los ancianos (o supervisores) de la iglesia en Éfeso. Él les dijo: «les he anunciado todo el plan de Dios» (Hechos 20:27, DHH). Pero si es necesario, como dicen algunos, adherirse a enseñanzas y tradiciones recibidas después de la finalización del Nuevo Testamento para tener una «revelación más completa» de Dios, entonces Pablo mintió diciendo que proclamó «todo el plan de Dios». Pero Dios no miente; Pablo tampoco.

Dios cumplió su promesa a través del apóstol Pablo quien, escribió trece o catorce cartas del Nuevo Testamento. Por medio de los escritos de Pablo, el Espíritu Santo, el único «Vicario de Cristo» verdadero e infalible, ha estado con la iglesia «siempre» (Juan 14:16).

El apóstol Pedro también escribió acerca de lo que Dios había hecho a través de los apóstoles y profetas del primer siglo con estas palabras: «su divino poder nos ha concedido todo cuanto concierne a la vida y a la piedad, mediante el verdadero conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia» (2 Pedro 1:3, LBLA). Pedro dijo que por medio del «conocimiento» nos ha sido dado «todo» lo necesario para la vida y la devoción a Dios. Este conocimiento se ha revelado en el Nuevo Testamento.

¿Sería necesario que los llamados «sucesores» de Pedro revelaran nuevas verdades después de que los apóstoles del primer siglo habían sido guiados a «toda la verdad» (Juan 16:13)? ¿Creía Pedro que se revelarían nuevas tradiciones y «dogmas» a la iglesia en una fecha posterior? La respuesta de las Escrituras es no. El Espíritu Santo continuaría guiando a las generaciones futuras por medio de esta revelación toda suficiente.

Judas, escrito entre el 68-70 d.C., afirma claramente que la fe fue entregada «de una vez para siempre» a los cristianos (Judas 3, NASB). Un lexicógrafo con el nombre de Henry Thayer dice que la palabra griega traducida «de una vez para siempre» se emplea con referencia a lo que es «de validez perpetua y nunca necesita repetición». Otro ejemplo de esta palabra se encuentra en 1 Pedro 3:18 que dice que «Cristo murió por los pecados una sola vez, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios» (LBLA).

Así como Cristo sufrió una sola vez, también fue revelada “toda la verdad” (Juan 16:13) una vez a través de los apóstoles y profetas del primer siglo. Dios no planeó revelar más «verdades» a la iglesia en una fecha posterior. ¡Una “revelación más completa” en un futuro lejano no sería necesaria si “la fe” (las enseñanzas de Cristo) ya se hubiera transmitido “de una vez para siempre” en el primer siglo!

–Jerry Falk