La pereza espiritual (parte 1)

Dios pide diligencia en nuestras vidas espirituales (Filipenses 2:12; 1 Timoteo 4:7-8). Tal como a menudo caemos en un patrón de pereza en los asuntos terrenales, podemos fácilmente estancarnos en la pereza espiritual.

Proverbios es un libro en la Biblia que advierte con urgencia y de forma pintoresca contra la pereza. Aunque la aplicación más directa de estas advertencias es a las labores prácticas y tangibles de esta vida, gran parte del mensaje se aplica igualmente al reino espiritual. Consideremos algunos…

«La mano negligente empobrece; mas la mano de los diligentes enriquece. El que recoge en el verano es hombre entendido; el que duerme en el tiempo de la siega es hijo que avergüenza» (Proverbios 10:4-5).

Este es uno de varios proverbios que dan testimonio acerca de la conexión entre la prosperidad y el trabajo duro. (Vea también Proverbios 20:4; 24:33-34.) Ser ricos en fe (Santiago 2:5) no viene por casualidad, sino por compromiso. Muchos en la iglesia del primer siglo en Laodicea se habían vuelto “tibios” en su servicio a Dios, de tal manera que cayeron en la pobreza hacia su Señor (Apocalipsis 3:15-22). Proverbios 10:5, bajo esta luz, describe a la juventud, lo que muchos desperdician frívolamente, como una oportunidad especialmente buena para crecer en Cristo, antes de que las responsabilidades de la adultez ocupen tanto tiempo.

«Como el vinagre a los dientes y el humo a los ojos, así es el perezoso para quienes lo envían» (Proverbios 10:26, LBLA).

Estas líneas nos animan a pensar en nuestro nivel de dedicación desde la perspectiva de nuestro Maestro. Si él nos da una tarea, y somos irresponsables e indisciplinados en nuestra comisión, ¡debe ser muy molesto para él! Pablo hace una solicitud similar con respecto a las distracciones en el servicio del Señor: «Ningún soldado en servicio activo se enreda en los negocios de la vida diaria, a fin de poder agradar al que lo reclutó como soldado» (2 Timoteo 2:4, LBLA).

«Por negligencia se hunde el techo, y por pereza tiene goteras la casa» (Eclesiastés 10:18, LBLA).

Aquí citamos de Eclesiastés, aunque Proverbios en otros lugares hace observaciones similares (Proverbios 24:30-32), y lo aplicamos a la casa de Dios, la iglesia (1 Timoteo 3:15). Las congregaciones que tienen éxito se esfuerzan seriamente por desarrollar el conocimiento de las Escrituras, el compañerismo y la unidad, y un verdadero celo por los propósitos de Dios. Los grupos que se contentan con flotar con la corriente pronto se encontrarán con «fugas» por la división, la falsa doctrina y el retraso en el crecimiento. Los miembros que no trabajan comparten la culpa si la iglesia se descompone a causa de estos problemas: «También el que es negligente en su trabajo es hermano del que destruye» (Proverbios 18:9, LBLA).

«El camino del perezoso es como seto de espinos; mas la vereda de los rectos, como una calzada» (Proverbios 15:19).

Para los perezosos espiritualmente, cada paso en el camino del Señor parece difícil y pesado. Aquellos que han tomado la determinación de progresar, incluso si se requiere sacrificio, perseverancia y esfuerzo, son los que crecen a pasos agigantados y brindan honor a Dios.

–Brigham Eubanks