Las consecuencias de creer que la verdad es relativa

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«Asista a la iglesia de su preferencia»

Había una valla publicitaria bastante común en los Estados Unidos que nos animaba a reunirnos con la iglesia de nuestra «preferencia». La mentalidad de muchas personas religiosas o «espirituales» de hoy es que realmente no importa lo que creas porque «todos los caminos llevan a Roma».

Esta forma de pensar en la sociedad estadounidense ha resultado en más de 30,000 denominaciones cristianas con diferentes nombres, diferentes estructuras organizativas, diferentes formas de adoración, diferentes formas de ser salvo, diferentes reglas para la membresía de la iglesia y diferentes ideas con respecto a la misión de la iglesia.

«La doctrina no importa»

La proliferación del denominacionalismo entre quienes afirman seguir a Cristo, sin duda alguna, ha contribuido a la idea de que la verdad es relativa. «La doctrina no importa. Lo importante es creer en Cristo», nos dicen muchos en la cristiandad. Eso finalmente se ha transformado en la idea de que todos tienen «su verdad».

Esta mentalidad abunda hasta tal punto en nuestra sociedad pluralista que ahora se nos dice que ya no es necesario creer en Cristo para estar bien con Dios. «Todas las diferentes religiones del mundo están enseñando la verdad», insisten, independientemente del hecho de que se contradicen entre sí y a pesar de la clara declaración de Jesús de que «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre sino por mí» (Juan 14:6). No hay manera de conciliar esta afirmación con la idea moderna de que la verdad es relativa. O Jesús era delirante, un mentiroso compulsivo, o estaba diciendo la verdad.

La verdad ha sido relegada a un plano secundario

La creencia de que la verdad es relativa se ha vuelto tan generalizada en la sociedad estadounidense que el hecho científico (verdad) no se tiene en cuenta para poder aceptar lo que uno siente que es la verdad. Que se contradiga o no con la realidad no es importante.

Como ejemplo de esto, algunos ahora nos dicen que los bebés deben ser considerados como «theybies». «They» (inglés) significa «ellos», sin referirse al género. Viene a ser algo como «bebelles» en español. «Elle» no es él ni ella. Se argumenta que los padres deben considerar a sus recién nacidos como «neutrales con respecto al género» hasta que puedan decidir su género por sí mismos. Los defensores afirman que los bebés pueden llegar a esta conclusión cuando tienen solamente –«¿estás listo?– cuatro años. En este escenario, tenemos un niño de cuatro años que les dice a los adultos lo que es «su verdad» y los adultos la aceptan sin lugar a dudas. No importa lo que sus cuerpos físicos indican con respecto a la sexualidad; lo que importa es lo que ellos sienten que es su género. No importa que todas las células de su ADN griten que son varones o hembras.

En medio de los confusos tiempos en que vivimos, el deseo de mi corazón para mí mismo y para otros se puede expresar mediante unas pocas líneas de un himno escrito por Clara Scott (1841-97):

Abre mis ojos, para que pueda ver.
vislumbres de la verdad que tienes para mí;
Pon en mis manos la maravillosa llave.
Que me soltará y liberará.

Jesús dice que esta «maravillosa llave» es Su palabra. «Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres» (Juan 8:31-32).

–Jerry Falk